Desmintiendo 5 mitos sobre el feminismo

Hace poco les preguntamos en Instagram cuáles eran los mitos sobre feminismo con los que más se han encontrado, y ustedes, como siempre, nos respondieron cosas que nos inspiraron para hacer un post. Hoy les vamos a desmentir (o aclarar) esas 5 creencias que ustedes han oído y leído por ahí.

Por: Juliana Abaúnza.

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Este mito casi siempre viene de la boca de hombres que creen que nuestras vidas giran en torno a ellos y que, por eso, el feminismo también debería ser sobre ellos. Y la verdad es muy distinta. Definiciones sobre feminismo hay muchas (de hecho, no se debe hablar de un solo feminismo sino de muchos, porque no todas las mujeres tenemos las mismas necesidades ni libramos las mismas luchas).

Pero digamos que para hacerlo mucho más sencillo daremos una sola definición, escrita por la periodista feminista Catalina Ruiz-Navarro: “El feminismo puede ser algo tan sencillo (o tan profundo) como una lucha social para que todas las personas tengamos los mismos derechos”. Las invito a buscar más definiciones y escoger su favorita, pero con seguridad van a encontrar que todas tienen esa misma base: la igualdad de derechos, y les prometemos que por ningún lado va a decir nada de odiar a los hombres.

Entonces, algunos se preguntarán: “¿Por qué decirle feminismo y no algo más general como humanismo?” y la respuesta es que si decimos humanismo estaríamos invisibilizando la opresión de las mujeres. Si no usamos una palabra para referirnos a este problema en específico y escogemos una más general, la atención se desviaría hacia otros lugares y no le prestaríamos la atención debida a la lucha por la igualdad de las mujeres.

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La discusión sobre la relación entre feminismo y veganismo es más reciente que algunos de los otros mitos que encontrarán en esta lista, pero nos pareció muy interesante que lo nombraran cuando les preguntamos. Algunas personas (como quienes integran PETA) aseguran que es imposible ser feminista si no se es vegana, porque piensan que no tiene sentido luchar por la igualdad de derechos de todas las personas mientras se explotan animales y se ignora el sufrimiento de las hembras de otras especies.

La idea de este post no es burlarnos de las feministas animalistas ni irrespetar su lucha, al contrario, nos parece muy relevante lo que hacen. Pero lo que sí queremos decir es que la cosa no puede ser tan radical como: “o haces esto o no eres una verdadera feminista”. Estar fiscalizando los comportamientos de otras como una especie de prueba para ver quién es más o menos feminista es algo que 1) Nos cansaría mucho y 2) Desvía el foco. Ninguna de nosotras puede ser 100% perfecta y coherente, entonces, tranquilas que nadie les debería impedir llamarse feministas si no son veganas.

Peeeeeeeero, sí hay algo muy importante que queremos decir. Si bien no tienen que volverse veganas para alcanzar la (imposible) perfección feminista, sí creemos que es importantísimo que se cuestionen acerca de su consumo de carne y productos animales; empiecen por reducirlo (y si son capaces de eliminarlo, mejor). ¿Por qué? Digamos que sacamos de la discusión a los animales (que aunque son fundamentales, necesitaríamos un post completo) y hablemos de calentamiento global.

Está comprobado que el consumo de carne tiene un impacto en el medio ambiente: contribuye a la contaminación del agua, a la deforestación de la selva amazónica, a la producción de gases de efecto invernadero y a un montón de otras cosas terribles que pueden leer con más profundidad en esta publicación de Mariana Matija. ¿Y a quiénes afecta el cambio climático? Sí, al mundo entero, pero especialmente a las mujeres más vulnerables, que son quienes sufren por sequías, inundaciones y por la falta de recursos naturales. Así que la lucha por el medio ambiente (ya sea desde la orilla del veganismo o desde donde sea) es importantísima para el feminismo porque si se pierde esta lucha, ninguna de las otras tendrá sentido.

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Este mito va muy atado al de “las feministas odian a los hombres”, porque algunos piensan que las lesbianas son lesbianas porque odian a los hombres (o en el peor de los casos, porque no han tenido un “buen” hombre que las haga felices). Pero una vez más debemos aclarar que los hombres no son el centro de nuestras vidas. Sí, hay feministas lesbianas, pero no todas las feministas son lesbianas, ni todas las lesbianas son feministas.

Pero más allá de lo individual, sí es importante reconocer que las feministas lesbianas tuvieron (y siguen teniendo) un papel vital en el feminismo. Debemos agradecerle al feminismo lésbico (una perspectiva que se hizo popular en los años 70 y 80) que se haya expresado vocalmente sobre la homofobia y la heteronormatividad del feminismo mainstream.

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Sí, hay feministas que no se depilan, que odian los tacones y jamás se maquillan, así como hay feministas que aman maquillarse, vestirse y arreglarse. Ninguna es mejor o peor que la otra. El problema está en tratar de vigilar y controlar los cuerpos de las demás. Cada una de nosotras debería poder hacer con su cuerpo lo que quiera sin que otras y otros estén detrás diciéndole nada.

Sin embargo, aunque depilarme no me haga menos feminista, sí es importante que todas las cosas que hagamos sean analizadas con nuestros lentes feministas. Indaguemos y profundicemos en por qué hacemos lo que hacemos. Todas tenemos derecho a depilarnos y maquillarnos y hacer lo que se nos dé la gana, pero al mismo tiempo deberíamos analizar por qué nos sentimos horribles si no nos maquillamos (cuando a los hombres eso casi nunca les pasa) o por qué sentimos esa necesidad de arrancar los pelos que naturalmente crecen en nuestros cuerpos (y que la respuesta no sea algo tan facilista como “lo hago por mí, porque así me siento bien”).

Hacerse esas preguntas no significa que vamos a caer en una espiral de odio feminista y que vamos a quemar nuestros tacones y a hacer grafitis con nuestros labiales (aunque eso sería divino), pero seguro nos permitirá vivir una vida más consciente sobre las decisiones que tomamos.

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Y, para terminar, este último mito, que está muy relacionado con el primero. Ya les contamos que el feminismo busca la igualdad, así que ahí se debería dar por entendido que no buscamos la superioridad de unas por encima de otros. Sin embargo, profundicemos.

Este miedo que tienen algunos de “ohhh, las feministas van a tomarse el poder y van a oprimir a los hombres” es sencillamente una proyección; son los hombres aceptando lo mal que han tratado a las mujeres históricamente y temiendo que les hagamos lo mismo. Y aunque sí existen mujeres opresoras, violentas y que son felices tomándose el poder tradicional (como Marta Lucía Ramírez), el feminismo busca alcanzar la igualdad desbaratando esas estructuras de poder con las que durante tanto tiempo nos han oprimido. Si las mujeres nos tomáramos el poder y revirtiéramos de alguna forma la sociedad patriarcal en la que vivimos (cosa, me atrevo a decir, imposible), no serviría de nada porque seguiríamos viviendo en un mundo desigual.

En las palabras sabias de la feminista afroamericana Audre Lorde: “Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo”. Así que, más que buscar quitarles el poder a los hombres y tomárnoslo para nosotras, lo que las feministas buscamos es cambiar la definición de poder y desarmar esas estructuras que oprimen a las y los más vulnerables y así, crear un mundo más amable en el que ninguna mujer muera o sufra por su condición de mujer.