Las complejidades de la amistad adulta

Soy de las que cree que los seremos humanos no sobreviviríamos a este mundo si estuviéramos solos; somos seres sociales y, en ese orden de ideas, debemos tratar con gente todos los días, trabajar en equipo y, en ese proceso, hacer amigas. Amigas hay de todo tipo: las que conocemos desde pequeñas y se quedan en nuestra vida para siempre; las que consideramos amigas, pero casi no vemos ni hablamos; las que fueron nuestras compinches alguna vez, pero ya no están, incluso esas primas o hermanas que terminan siendo nuestras mejores amigas. En fin.

Por: Laura Camila
Ilustraciones: Susana Velasco

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Y no solo las amistades cambian entre sí, la misma amistad que conocíamos hace años, hoy puede no ser la misma. ¡Y ojalá que no lo sea! Porque si todo sigue igual, eso querría decir que somos las mismas personas y que no hemos evolucionado. Así que debemos reconciliarnos con la idea de que la amistad puede mutar de muchas maneras, sino nos vamos a volver locas. Es poco saludable quedarnos con la idea de un único tipo de amistad que nos muestran las películas: las mejores amigas que se ven todos los días, son cómplices, se cuidan las borracheras, se prestan la ropa, etc. Claro que hay amigas que caben perfectamente en ese estereotipo, pero ¿y las que no?

De hecho, este estereotipo me ha hecho mucho daño y por su culpa me he encontrado en muchos momentos de mi vida preguntándome si soy una mala amiga. Seguro a ustedes también les ha pasado: “No le he escrito en una semana, me debe odiar” o “Siempre quedamos de vernos y nunca puedo, soy la peor”.  Eso pasa porque durante un largo periodo de mi vida (el colegio y la universidad) me acostumbré a construir mis amistades en el mismo espacio. Claro que es más fácil mantener una amistad si nos vemos todos los días, porque vemos clases juntas y tenemos los mismos intereses. El reto aparece cuando crecemos y tu mejor amiga decide estudiar en otro país. O cuando ambas trabajan 8 horas al día (incluso más) y casi no queda tiempo siquiera para chatear. ¿Les ha pasado que se enteran de las cosas importantes de su amiga porque publica una foto en Instagram?

Bueno, ¡no se angustien! Nada de eso está mal. Simplemente son características de amistades diferentes.

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La clave está en preguntarse: ¿el tiempo que compartimos, así sea poco, es de calidad?,¿me hace bien hablar con esa persona?, ¿le hago bien yo a ella? Por ejemplo, con esa amiga que les cuento que vive en otro país, somos amigas desde que tenemos 13 años. Nunca hablamos, tal vez interactuamos un poco por Instagram, pero nada importante. Pero en diciembre, cuando hice un viaje por Europa, no dudé ni un segundo en ir a visitarla y quedarme en su casa. Y cuando la vi sentí que nunca nos habíamos separado. Si sienten eso, no importa que no hablen en meses. La amistad sigue ahí.

Pero así como puede pasar eso, también hay amistades que tenemos que aprender a dejar ir; esas amigas que ya no aportan nada a nuestra vida. O nosotras a las de ellas. Si no lo hacemos, solo tendremos una relación tóxica. Las personas cambian, a veces tanto que se distancian de la razón por la que eran amigas. Para eso, tienen que pensar con cuidado qué hacen ustedes que aporte a la vida de su amiga y viceversa. No tienen que llamarla todos los días o tener pijamadas y pintarse las uñas la una a la otra. Seamos sinceras, la amistad puede consistir en escucharla por notas de voz durante horas para que se desahogue; encontrarse en un café mientras las dos trabajan en sus cosas, sin hablar; mandarse memes para hacerse reír en días difíciles; ir al gimnasio juntas y no hablarse en el resto del día, no sé.

Pongan en una balanza las expectativas de amistad de su amiga y las suyas, así se van a dar cuenta de si alguna puede ceder en algo para mantener la amistad y encontrar un punto medio en el que las dos se sientan cómodas… o si simplemente hay que dejarla ir.

Nuestra invitación de hoy es a hablarle a esa amiga que creen que han dejado de lado, pero también a no aferrarse a amistades que de pronto ya no valen tanto la pena. Y a esas amigas que tienen bien cuidadas, a las que les hablan todos los días, a esas díganles una vez más que las aman.

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