La peluquera más amada del mundo

Por: Juliana Abaúnza
Ilustraciones: Susana Velasco

SORI

Es muy difícil encontrar a alguien en quien confiar para que le corte o pinte a uno el pelo. Durante años pasé por lo mismo que creo que todas hemos pasado: le decía “despúnteme” a un peluquero y terminaba con 10 centímetros menos. Creía que los peluqueros y yo hablábamos dos idiomas distintos o que sencillamente ninguno me paraba bolas cuando yo hablaba. Todo eso cambió hace casi doce años.

Me mudé a Bogotá en agosto de 2005 y, como cualquier persona normal, me preocupé por dónde iba a cortarme el pelo en la nueva ciudad. Una amiga del colegio que vivía en Cedritos y llevaba ya 6 meses en Bogotá me dijo “frente a mi edificio hay una peluquería, vamos”. Fuimos y desde ese día mi vida fue diferente.

Cuando entré a la peluquería, vi a una mujer que sonreía y hacía chistes mientras le cortaba el pelo a otra. Lo más increíble de la escena era que la que estaba sentada en la silla, a la que le estaban cortando el pelo, estaba feliz y muerta de la risa también. No podía creer que alguien disfrutara ir a la peluquería. Cuando terminaron, mi amiga me presentó a Sory, la peluquera más feliz y amada del mundo.

Desde ese día no he dejado de ir y hoy, doce años después, mi pelo le es fiel a Soraida. Gracias a ella mi pelo es larguísimo y sano. Gracias a ella siempre logro tener el color que quiero. Gracias a ella, ir a la peluquería dejó de ser una causa de sufrimiento y se convirtió en un plan emocionante que espero con ansias.

Con los años, mi pelo cada vez se puso más lindo y mi amor por Soraida creció. Empecé entonces una campaña de evangelización que no ha parado. A todas mis amigas, familiares, conocidas, seguidoras de Twitter, a quien me preguntara le recomendaba ir allá. A su vez cada mujer que ha ido a donde Sory recomendada por mí, hace también evangelización por su lado y lleva a todas sus conocidas. La hermandad soraidística ya es muy grande y lo mejor de todo es que todas las mujeres que conozco que van a su peluquería sienten un cariño profundo hacia ella. En este momento, todas las idearias (excepto Susana, que vive en París) somos clientas fieles y todas hemos quedado felices con lo que nos ha hecho en la cabeza.

Es muy fácil amar a Soraida Torres Lemos y hoy les quiero compartir una entrevista que le hice. Tal vez les llame la atención y se antojen de probar sus manos mágicas.

Empieza diciéndome cuánto me amas de 1 a 10.

¿De 1 a 10? 11

Muy bien, esa era la respuesta que buscaba. Sory, ¿cuánto tiempo lleva esta peluquería abierta?

Ya vamos a cumplir 40 años en Cedritos.

¡¿CUARENTA?!

Sí. Empezamos en Bella Suiza hace como 50 años. Mis papás abrieron esto como un negocio familiar. Yo empecé a trabajar a los 16 años, les ayudaba con lo que necesitaran, era como una auxiliar. Luego comencé a hacer uñas -manos y pies- y fui muy buena en mi época. Después seguí con cabello, estudiando. ¿Capacitaciones que tenían mis papás? Allá iba yo. Y todo el mundo estaba pendiente de mí porque yo era la niña.

La heredera del imperio.

Lo gracioso es que si vamos a remontarnos a mis principios, desde los 8 años me metí en este mundo porque mi mamá tuvo una academia de belleza y yo estaba siempre ahí de primeras. Las que estudiaban eran señoras grandes, entonces fácilmente mis compañeras tenían 35 o 40 años. Yo era la pequeñita y mi mamá me alcahueteaba todo.

¿Y en quiénes practicabas?

Cuando estaba chiquita me desquitaba con mis muñecas. Pero en la adolescencia empecé con cabezas humanas. Siempre fui de las niñas más populares, no por lo bonita sino porque todas me buscaban: “Sory, ¿y si me hago el copete?”, “Sory, ¿y si yo me corto?”, “Sory, ¿a mí me queda bien el maquillaje azul?”. Incluso la directora del colegio me pedía consejos: “Sory, ¿me haces las cejas?” y yo “sí, venga pa’cá”. Andaba con tijeras, peinilla, depilador y con cosas de maquillaje dentro de mi maleta del colegio.

Te puedo imaginar y me da mucha risa. ¿Después del colegio qué hiciste?

De ahí, terminé mi bachillerato, entré a la universidad (estaba estudiando finanzas), me enamoré, me dieron duro, MUY DURO y de guayabo me fui para Nueva York. Allá me puse a estudiar y trabajé con Mary Kay. Estuve dos años y medio allá.

¡YAY! ¡Nueva York!

Sí, tuve hasta mi propia banda de música protesta. Yo era la cantante. Tocábamos los fines de semana en un lugar que se llamaba El Peñón en el Bronx. Con la banda no ganaba nada porque lo que recogíamos era para los enfermos de SIDA. Entonces tenía que vivir de algo y la solución fue la peluquería. Mi tía tenía en Nueva York su peluquería y allá trabajé.

Devuélvete a Nueva York y me cortas el pelo todos los meses.

Jajajaja, listo. Págame el tiquete. Bueno, luego me regresé para Colombia. A los 6 meses me casé, tuve un hijo, dejé la peluquería un rato y me puse a estudiar estética (masajes reductores, tratamientos de piel, maquillajes permanentes). Cuando mi hijo estuvo más grandecito empecé a trabajar medio tiempo en la peluquería de papá. Pero con el tiempo le cogí pereza a la estética, me cansé de ver sangre, y poco a poco la peluquería me fue reclamando.

¿Tu papá te enseñó o aprendiste a cortar el pelo en tus estudios?

Cuando tienes un papá o una mamá en este gremio, aprendes o aprendes.

¿Y tus papás siguen trabajando acá todos los días?

No, ellos ya se retiraron. Mi mamá se cansó de la peluquería porque como cualquier oficio, te bota. Las articulaciones empiezan a molestar, comienzan dolores en el codo, en el manguito rotador, la vena várice. En fin. Pero mi papá sí viene de vez en cuando; es todavía un hombre muy activo.

PATTERN PELO

Bueno pero aunque tus papás te hayan metido en este mundo y lo ames, debe haber cosas que no te gustan hacer. Yo me he dado cuenta después de casi 12 años viniendo acá que hay cosas que la gente te pide y a ti no te gusta hacer. Recuerdo que cuando yo me quería hacer las californianas, tú me decías “se te va a dañar el pelo, no me gusta, no te voy a hacer eso” y tuve que hacérmelas en mi casa (y efectivamente se me quemaron las puntas).

Lo que pasa es que yo no me comprometo a hacer cosas que sé que te van a dañar el pelo. Lo bueno es que las técnicas van avanzando siempre y a medida que lo hacen, yo me puedo comprometer con algo. Ahora sí puedo hacer californianas porque encontré mi manera de hacerlas para que se vean bien y no te dañen el pelo. Entonces eso es lo que hago cuando alguien llega con una idea: capto tu idea pero encuentro mi forma de hacerla. Yo te hago lo que pienso que te queda bien.

Si una persona quiere hacerse algo que le va a hacer daño a su pelo, ¿tú no se lo haces?

No, mi política no es ganar plata por esto. Prefiero la sinceridad. Todo lo que yo hago es honesto. Tengo que tener coherencia: ¿cómo voy a dejar a una persona linda si sé que le voy a hacer daño?

Claro, a veces uno quiere algo pero no sabe que ese algo no le va a quedar bien.

Exacto. Lo que pasa es que, creo que es porque me gusta mucho el arte, desarrollé una visión diferente de las cosas. Puedo mirar a la persona y decir “no, me gustaría así, atrás subirle, ponerle un color más así y no asá”. Todo eso depende de la forma de la cara, del color de la piel, de qué quiero resaltar en ella. Además, digamos, hay caras muy lindas en las que podría hacer cortes arriesgados pero todo depende mucho del modo de ser de la persona. Yo no puedo dejarle el pelo disparado a una señora muy seria porque me va a decir “Virgen Santísima, ¿usted qué me hizo?”. Es un conjunto de muchas cosas. Otra cosa en la que me tengo que fijar siempre es en el estado anímico de la persona y en lo que está viviendo. Si es una persona que se quedó sin trabajo, que está down, es alguien que necesita un cambio urgente, una inyección y esa inyección la da el espejo. No hay nada como verse divina y fuerte en el espejo para convencerse de que uno es divina y fuerte.

¿Vienen muchas entusadas a cortarse el pelo?

Claro. En casos como ese el estilista se vuelve el psicólogo, el amigo, el aliado, incluso el asesor espiritual. Yo tenido hasta que rezar con mis clientas. Entonces cuando uno pasa por eso, se compenetra con los otros. Si mis clientas llegan con dolor, su dolor también es mío porque hay una conexión muy grande. Así yo no quisiera, es muy difícil evitarlo porque literalmente estoy tocando a esa persona y eso establece una relación.

Las relaciones con los peluqueros son un fenómeno extraño. Es un lazo de confianza muy raro y por eso la gente puede pasar años buscando un peluquero en el que puedan confiar.

También es una responsabilidad muy grande porque así como puedes asesorar bien, puedes asesorar mal. Es una responsabilidad porque no solo está en riesgo la imagen del cliente sino la mía.

¿Y tú sientes que tu estado de ánimo influye en como queda lo que haces? ¿Si estás triste igual vienes a trabajar?

Sí vengo. Una de las cosas que más me gusta de la peluquería es que me desligo de lo que sea que esté pasando en mi vida. Cada persona que se sienta frente a mí me da una vida diferente a la mía y me puedo distraer.

¿Qué opinas de los mitos sobre el pelo? Como que uno debería cortarse el pelo cuando hay luna llena, que si la que te corta el pelo tiene la menstruación se te daña, vainas así. ¿Crees que son reales?

Yo creo que si llegas con una cosa metida en la cabeza, “me va a salir mal me va a salir mal”, “me van a robar me van a robar”, estás atrayendo el desastre. Aunque he visto cosas que no puedo explicar racionalmente, en lo que creo es en la energía de cada persona. Todos emitimos cierta temperatura y el resultado del trabajo depende de su energía. Hay personas a las que el color les agarra de una y otras a las que no; todo eso depende de su energía, de la temperatura de su cuerpo.

¿Entonces todos esos tratamientos mágicos para que crezca el pelo o evitar que se caiga no funcionan?

Hay unos muy buenos pero todo depende de la asimilación de cada persona. Lo que le funciona a alguien puede que no le funcione a otro. Es muy relativo.

Si alguien sufre de caída del pelo, ¿tú qué le recomiendas?

Hay muchos productos muy buenos. Marcel France tiene una loción anti caída que me encanta. Además hay cosas naturales que puedes hacer en tu casa, remedios de abuelas, como el agua de los brotes de guayaba. He visto personas que se lo han hecho juiciosas y les ha servido. Esos remedios naturales me gustan mucho.

Sí, recuerdo cuando yo quería que me brillara más el pelo lo primero que me dijiste fue que me echara aceite de oliva y yo “WHAT? Mi pelo no es una ensalada.”

¡Pero te funcionó!

Una de las cosas de las que más se queja la gente es de que no les crece el pelo. ¿Qué puede hacer alguien que siente que tiene el pelo estancado?

Lo primero que hay que hacer es mirar por qué no le crece, para saberlo tendrían que venir y yo puedo hacer un diagnóstico. Hay personas que tienen un pelo muy liviano. El peso ayuda mucho. Es un poquito injusto: entre más largo y pesado tengas el pelo, más rápido te crece.

¿Qué puede hacer alguien que tenga pelo poco abundante y liviano para que le crezca?

Hay cortes de pelo que hacen que te pese más. Por ejemplo, las personas que quieren que les crezca el pelo no deberían hacerse capas porque las capas alivianan el pelo. Necesitan que el cabello coja peso mediante los cortes. Un cabello que está maltratado, que necesita despuntarse, es un cabello que está estancado. Ese es un error que mucha gente comete. Que si quieren que les crezca no se lo cortan.

¿Hay masajes o productos para que crezca?

Ahorita hay muchas cosas. Unas funcionan para unas personas y para otras no. Todo depende de la experiencia personal. Hay personas que creen mucho en el mito de peinarlo 500 veces cada día y aunque eso tal vez no haga que crezca, sí lo mejora porque al peinarlo estimulan la función sebácea del pelo entonces queda más brillante y sedoso. Pero no te voy a mentir, no hay una fórmula única e infalible para que crezca el pelo. Hay que analizar la cabeza de cada persona y probar distintas cosas a ver si le funcionan.

O sea, la solución es que vengan a tu peluquería y ya. Acá se les soluciona la vida.

Jajajajajajajajajajaajaja sí.

Si quieren conocer a Soraida y que haga maravillas en su pelo, la dirección de la peluquería (que se llama “Gustavo”, como su papá) es Carrera 11 # 140-80 en Cedritos, Bogotá. Si quieren hacer una cita, el teléfono es(031) 527-0626. Le dicen que van de parte mía y de parte de las chicas de ideario y seguro les dará más abrazos de lo normal.

SORI

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5 thoughts

  1. Sory es un amor. Yo fui con ella cuando hiciste el artículo del capul, llevé dos fotos tuyas y tuve el mejor capul de toda mi vida, pero el pelo me crece súper rápido y a la semana ya estaba con el pelo en la mitad de los ojos, entonces desistí, pero desde ahí no la cambio. ❤

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  2. Súper también voy a la misma peluquería , es más recuerdo que un día te vi allá con una amiga tuya venezolana , no te salude porque aunque te sigo hace años en el momento no caí en cuenta que eras tú . Ahora lo confirmó jajajaja. Voy a la misma peluquería hace algún tiempo pero mi familia si le es fiel a sory hace años de los años . Que chevere es ver la energía de ella plasmada aquí .
    Saludos

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